17 d’agost 2014

Melbourne

Esta vez sí llegamos a tiempo para ver la segunda ciudad más grande de Australia: la cosmopolita Melbourne, creada en 1835 cuando John BATMAN (sí, como el super-héroe) compró 2.400 km2 de tierras a los aborígenes a cambio de herramientas, harina y ropa, vaya que les tomó el pelo (ahora se parece más al malo de la película que no al super-héroe, verdad?).

Melbourne, como muchas otras ciudades de Australia, creció con la riqueza procedente de los yacimientos de oro hasta finales del siglo XIX y luego vivió varios booms de la construcción. Parece una ciudad más industrial que Sydney, el río y la zona costera no invitan al nado y hay muchos rascacielos y edificios residenciales aún por terminar.

A diferencia de Sydney, es más multicultural y más cultural en general, con numerosos museos, obras de arte en plena calle y barrios como Fitzroy que es una mezcla del Shoreditch en Londres y Castro en San Francisco.

Como nos venían varios días de dormir en carabana decidimos coger un apart-hotel en condiciones llamado Pegasus muy cerca del Queen Victoria Market, con piscina y todo.

Antes de empezar el día de guiris fuimos al Melbourne Visitor Centre con extensa información a parte de estar en zona de free wi-fi (poco habitual en este país). El Greeter service es un tour a pie gratuito (empieza a las 9:30h) que queríamos hacer, pero hay que reservar y estaba lleno. Optamos por el City Tourist Shuttle (o bus turístico) ya que el clima no acompañaba mucho. Sorprendentemente sólo eran 5$ (pocas cosas son tan baratas en Australia, doy fé).

5$ y drizzle (o el conocido chirimiri) resultó en Oliver y Jana haciendo la vuelta en este bus casi todo el día, nos conocíamos la locución de memoria, teníamos conductor favorito y hasta hablamos con algún local. En Queen Victoria Market, parada obligada, nos tomamos un rico café en Market Place, no sabíamos de la obsesión de los melbournienses por el café, hay en todas partes, mucha influencia italiana, mucha.

A la hora de comer paramos en Fitzroy para ver el barrio, que nos encantó, lleno de tiendas modernas y bares y restaurantes muy londinenses y con mucho rollo. El japonés donde comimos ha resultado ser, de momento, la mejor comida de este viaje (en este país no destacan por su gastronomía).

Decidimos terminar el día a la misma hora que el bus ;) ir al hotel, bañarnos en el spa y comer en Nandos, para recordar viejos tiempos.

Al día siguiente, cogimos los walk tours folletos que nos dieron en el Visitor Centre y hicimos un par o tres de caminatas por el CBD o centro de Melbourne, por sus callejuelas y millones de Arcades o centros comerciales que hay debajo y entre medio de los edificios del centro, nuestros favoritos: Royal Arcade y otro que ahora mismo no recuerdo. También paseamos por la zona del río y cogimos el City tram, gratuito, que hace un loop alrededor del centro de Melbourne.

Como el día estaba mucho más despejado subimos al Heron Tower, piso 88, en el skydeck para ver las vistas donde nos dimos cuenta que Melbourne, y seguramente sus suburbios, llegan mucho más lejos de lo que te alcanza la vista (frase muy utilizada en este viaje, aquí todo es extenso, sin final, literally).

Para colofón del día y para adentrarnos más aún en la cultura australiana, fuimos a ver un partido de Australian Football (o footy, como lo llaman aquí). Tuvimos la suerte de que unos chicos nos regalaron las entradas de camino al campo y un señor muy amable nos explicó cómo funcionaba el juego durante el partido, porque sino... complicat! Resulta ser como un fútbol del nuestro, con pelota de rugby que se puede chutar o coger con las manos, donde el campo es redondo y tiene un diámetro de unos 170 metros aprox. Los jugadores llevan un sensor para saber cuánto llevan recorrido y así el entrenador puede pedir cambio en función de lo cansado que estés, todo muy high-tech. Nos pareció muy gracioso los "mensajeros" que van vestidos de rosa-chicle y van corriendo por todo el campo "enviado" mensajes tácticos a los jugadores, a cau d'orella, todo muy high-tech. Unas chicas, también de rosa, durante el partido van dando de beber a los 18 jugadores de su equipo.

Como anécdota y, ya para terminar este largo post, nos gustó mucho que en la media parte (cuando ya nos fuimos a casa, feia molt fred), delante del campo (inmenso por cierto, capacidad para 100.000 personas) todo el mundo, sobretodo niños y adolescentes, tenía pelota en mano o pie y estaba jugando al footy, por lo visto un deporte muy popular.

Ara sí, des de l'Outback, bona nit!